La última azucarera
de Navarra
Marcilla, Marzo del 2002. Muy sigilosamente, y sin apenas darnos cuenta, las máquinas excavadoras borraban del suave paisaje Ribero la última azucarera de Navarra. Fue la culminación de una lenta agonía de ladrillos y vigas de madera, que se resistían a desaparecer bajo los escombros.
Construida para "endulzar" a la gente hace ya cien años, un cierto aire de tristeza nos ha invadido a todos los que de una manera u otra hemos tenido relacción con "la azucarera". Esta nostálgica impresión la saca uno si se pone a repasar la historia de " La Azucarera de Marcilla".
Símbolo de la Industrialización.
La fábrica "La Concepción" de Marcilla se edificó entre 1899 y 1900. Fue la primera que se instaló en la Comunidad foral y la última en desaparecer. Su construcción formó parte de un proyecto muy amplio de construcción de azucareras por parte del Estado español, impulsado con el fin de sustituir el azucar de caña procedente de Cuba, Puerto Rico y Filipinas, últimas colonias españolas perdidas a finales del s.XIX. En Navarra se construyeron, ademas, las de Pamplona, Tudela y Cortes.
Tras la pérdida de las colonias, hubo necesidad de producir en nuestro propio país el azucar. Y para ello, se pensó en obtenerlo a partir de la remolacha. El cultivo de éste producto se introdujo en Granada a finales del s.XIX, y rápidamente se extendió por Navarra y Zaragoza. Mucho mas tarde se incorporaría Castilla en su cultivo y producción. Llegó a ser nuestra comunidad la tercera productora de azucar de España.

Las grandes compañías azucareras impulsaron el desarrollo industrial de Navarra a principios de siglo. Las grandes fábricas, su compleja y avanzada tecnología de entonces y la repercusión directa sobre la agricultura al fomentar el cultivo de la remolacha, las convirtieron en una potente palanca de desarrollo y en un símbolo de la industrialización. No por casualidad, en el artesonado del palacio del trono de la Diputación Foral, está pintada la azucarera de Marcilla.
Como una catedral .
La azucarera figura en los libros y catálogos especializados como un ejemplo destacado de arquitectura industrial española. Entre sus detalles destacaban los arcos y cornisas neomudejares, un reloj de sol, pavimentos de ofita, tragaluces semicirculares y una gran chimenea de ladrillo.
La fábrica era enorme. Tenía varias naves para la producción, aparte del horno de cal, turbinas, calderas, secaderos de pulpa, lavaderos, difusión ...etc. Y por su puesto, contaba con almacenes para el azucar, la pulpa, depósitos de melaza, carboneras y balsa de agua.
Arcos y cornisas neomudejares jalonaban la fachada
Detalle de la cornisa de la factoría
Fuera del recinto fabril, se encontraba la zona del poblado con viviendas para los obreros, capilla, escuelas, fonda y economato.

La azucarera de Marcilla dejó de funcionar en 1979. A pesar del deterioro derivado de su abandono, conservaba todavía toda su sólida estructura y su encanto.

Don Jesús de Elorz.
A pocos metros de donde estaba situada la Azucarera, se encuentra la estación del ferrocarril, y junto a ella, una hermosa casa con jardín, propiedad de la familia Elorz. Se trata de Villa Lidia, la casa donde hace algo mas de cien años se decidió la construcción de la fábrica.
Según Pilar de Elorz, heredera de ésta casa decimonónica, en una entrevista al Diario de Navarra, la fábrica la Concepción de Marcilla se levantó sobre una finca propiedad de su abuelo D. Jesús Elorz. Este hacendado de la Ribera Alta fue diputado foral y uno de los impulsores de la Azucarera marcillesa, junto a Leopoldo Lewin y Domingo Agudo. Y añade: "Mi abuelo era el prototipo de un hombre emprendedor. Podía haber vivido tranquilamente de sus rentas, pero se implicó en la vida política y social de la época, contribuyendo al desarrollo de la zona. Construyó Villa Lidia en recuerdo de su mujer, y trajo la azucarera al pueblo junto con otros empresarios de la época.
El nombre de "La Concepción" se debe a Cochi, una de sus hijas", nos cuenta Pilar.
Jesús de Elorz
Motor del desarrollo rural.
Directivos y empleados de la fábrica a principios
del siglo XX.
La azucarera llegó a tener más de 250 empleados fijos y otros tantos eventuales durante las campañas de invierno. Aún se recuerdan la filas de carros y galeras cargadas de remolacha que bajaban desde Falces y Caparroso, o desde Peralta y Villafranca y que hacían colas de varios kilómetros por aquellas carreteras.
A pesar de la dureza de la recolección -pasando mucho frío y andando sobre el barro-, aquellas campañas proporcionaban a los agricultores cosechas de invierno bastante rentables. De la remolacha se aprovechaba todo el mundo: desde el agricultor para sacar provecho de la tierra en el invierno, hasta los jornaleros del campo, que completaban sus ingresos como obreros eventuales de la fábrica.
La actividad fabril fue muy intensa durante muchos años. La azucarera disponía de un ramal férrero que enlazaba con la estación del ferrocarril. Allí se podían ver a los obreros cargando al hombro sacos de azucar en los vagones del tren. Trabajando a turnos, los empleados vivían al toque de sirena desde sus casas ubicadas en la barriada que se construyó al lado de la misma factoría. Las voraces carboneras eran alimentadas sin parar noche y día. El pequeño microcosmos creado junto a la azucarera generó un estilo de vida que muchos recuerdan con nostalgia. Tan es así, que la barriada creada disponía de iglesia, escuelas, tienda y cantina,.... y hasta sus propias fiestas patronales de San Pedro.
Un amargo final.
Vista de la Azucarera de Marcilla a finales del s. XX
Vista de la Azucarera durante las labores de derribo
Marzo del 2002
La chimenea es lo único que
ha quedado.
La fábrica de Marcilla comenzó a decaer en los años sesenta y setenta debido a la falta de eficacia, productividad y rendimiento. Los agricultores navarros no podían competir con la remolacha castellana, que daba mas grado. La falta de eficacia y productividad en la propia factoría marcillesa se reflejó en una canción cuya letra decía: "Azucarera de Marcilla, a cuantos vagos tienes, a unos por las oficinas y a otros por los almacenes".
Fue en 1979 cuando la fábrica dejó de funcionar. La producción remolachera navarra decayó consecuentemente: el producto era recepcionado en Marcilla y de ahi trasladado a la Azucarera de Vitoria, más moderna. Diez años después, se dejaba de cultivar remolacha en la Ribera. Y poco tiempo después, era cerrada la Factoría de Vitoria y toda la producción del Norte del País se trasladaba a la Azucarera de Valladolid, dotada de los medios mas modernos existentes.
Hoy sólo queda la memoria de una fábrica que sirvió para endulzar la vida de la gente. La tristeza por la desaparición de un símbolo, de un edificio emblemático de Navarra. Para algunos marcilleses es el final amargo de una fábrica que tenía un dulce nombre de mujer, y que influyó decisivamente en el actual bienestar de la comarca.
IMAGENES PARA EL RECUERDO