El encierro del Puente
El encierro del Puente
El "encierro del Puente" es hoy día uno de los platos fuertes del Programa Oficial de Festejos de las Fiestas de San Bartolomé de Marcilla, que se celebran todos los años del 23 al 30 de Agosto.
Todos los días, a las 9 y cuarto de la mañana, tiene lugar este singular encierro, cuyo acto se ha convertido en punto de encuentro tanto para los que han trasnochado, antes de ir a dormir, como para los que se levantan pronto para acudir a los almuerzos que se preparan en las Peñas.
Recuperado de una costumbre de antaño, en la que las vacas se traían a Marcilla campo a través y vadeando el río Aragón -con los pastores a caballo- hasta la entrada de la villa, hoy se rememora aquello mediante un encierro que, partiendo de las afueras del pueblo -en el inicio de la calle del Puente- recorre las calles céntricas del casco urbano en un trayecto de casi 600 metros, hasta los corrales instalados en la localidad.
El programa se completa a continuación con una prueba de ganado -suelta de vaquillas por las calles- durante media hora, mientras se hace "boca" para los "almuercicos" que vendrán despues en las Peñas y que se prolongarán hasta el mediodía.
El Encierro del Puente tiene su espectacularidad en las magníficas carreras que realizan los mozos -y los no tanto- delante de vacas y toros sobre un trayecto sinuoso y en muchos tramos sin ningún tipo de vallado de protección. Se intenta así emular a los famosos encierros de Pamplona o Tafalla, sobre un trayecto de 550 metros y en que la emoción está asegurada.
El nombre de "encierro del Puente" viene dado a que el origen del recorrido tiene lugar al comienzo de la calle "El Puente", en las afueras de la villa. Lugar por donde antaño entraban las reses al pueblo.
Instantes e instantáneas...
Despunta un nuevo día y, en plenas fiestas patronales, la Diana se dispone a las 8 de la mañana a hacer levantar con su música a los marcilleses y a invitar a los trasnochos -que están en peñas y piperos- a acompañarla por las calles de la localidad. Durante su recorrido matutino sus toques de fiesta van congregando en torno a ella a un nutrido grupo de jóvenes que van bailando al ritmo de la charanga. El destino final, al cabo de una hora de recorrido, es la calle del Puente, donde los mas valientes se quedarán para correr el encierro, y los menos -o los que no estan "en condiciones"- subirán al vallado.
Los cohetes anunciadores de que el encierro está próximo a celebrarse tambien son lanzados, con una cadencia de 30 minutos, para todos aquellos a los que la Diana no ha logrado despertarles y desean ir a presenciarlo.
Mientras, al inicio de la calle El Puente, llega el camión de las vacas. Compuesto de cabestros, vacas y toros en un número total de al menos 10 o 12 animales, han sido recogidos del monte por el ganadero una hora antes. Ganado marcillés, ya sea de "Patillas" o de "Molinas", como se conoce popularmente a las dos ganaderías afincadas en Marcilla, es el que siempre se utiliza en todos los encierros, dando un excelente juego.
La charanga llega al final de su recorrido en la calle del Puente a las 9 de la mañana.
Los corredores, conforme se acerca la hora, van tomando posiciones a la vez que hablan y comentan cosas entre ellos y saludan a los que se van incorporando al trayecto.
Mientras, numeroso público va tomando su sitio a lo largo del trazado.
Una calma tensa se va apoderando de los corredores a medida que el reloj se acerca a las nueve y cuarto de la mañana. La charanga, tras tocar la última canción, se retira del recorrido.
Al dar el cuarto en el reloj de la iglesia, se dispara el cohete. Los mozos comienzan a saltar con el fin de ver mejor la salida de las reses del camión, y la posición que van tomando conforme se acercan. En un momento dado, con la proximidad de las reses y la distancia medida, sabedor cada uno de sus posibilidades, comienzan las carreras.
El publico, agolpado en el vallado, grita. Bonitas carreras se suceden en la primera parte del recorrido, hasta la entrada de la plaza de la iglesia. Allí, los mozos se retiran y otros toman su relevo hasta la plaza del póstigo. Y así sucesivamente hasta completar los quinientos y pico metros del recorrido. Caidas, golpes, contusiones..., es una constante en cada jornada. Pero tras la carrera, todos se muestran satisfechos, sonrientes, y pensando que mañana puede aún salir mejor... .
Mientras unos aguardan a
que las reses se acerquen mas, otros optan por echar a correr.
A la vista de las reses, ya no se puede esperar mas. Hay que hechar a correr hasta lo que las piernas pidan.
La peligrosidad de las carreras se hace patente en las siguientes imágenes:
Tambien es posible ver bonitas carreras en la parte final del recorrido del encierro.
Tras la finalización del encierro, se procede a la suelta de vaquillas por la calle, donde entran en acción los "recortadores", tal y como muestran las siguientes imágenes:
Mientras el corredor de la izquerda aguanta al toro que le viene detrás, el resto de corredores escapa "en línea" del peligro que se les avecina.